El amor ha sido un tema milenario en los poetas, filósofos, religiosos, en la sociedad secular. Pero también la verdad. Ver más allá de lo evidente, comprobar si al ver las cosas no se nos escapa algo, ha sido un tema de suma importancia hasta la fecha.
Pero no necesitamos teorizar mucho, ya que día a día, ya sea en una relación amorosa, de amistad, de trabajo o familiar, podemos tener diferencias y probablemente en el calor de la discusión podamos recurrir a discutir “la verdad” o cómo “en realidad fueron las cosas”.
En el siglo XX se popularizó el enfoque de no hablar sobre la verdad, sino de que la verdad es a final de cuentas, palabras y percepciones. Encontrar la intención inconsciente se volvió ahora el tema. Cosa curiosa porque, siendo inconsciente, ¿cómo delimitas la verdad de la intención inconsciente? Ahora se trata de encontrar la intención inconsciente de la otra persona, y una vez descubierta (esa nueva versión de la verdad) partir de ese “hecho”, el cual ahora la otra persona no puede argumentar, porque ya ha sido “descubierto”, no hay nada que pueda hacer. Sí, así de enredoso.
Pero junto al amor y la verdad, también ha sido un tema milenario la política. ¿Cuál es el objetivo de encontrar “la verdad”?, diría el enfoque político. Si pensamos a la verdad como objeto, como si pudiera sujetarse, poseerse, ¿qué ganamos con eso? ¿Qué hacemos ahora con la verdad, una vez obtenida? Y la pregunta más importante, ¿qué se hace cuando es evidente que no se tiene la verdad? Y todavía más importante, ¿a dónde vas con todo este rollo, Héctor? podría justamente preguntar quien me está leyendo.
Al calor de las marchas de los trabajadores de la salud, ha sido contrastante la versión oficial de nuestra Presidenta, que ha mencionado “no hay marchas”. El día de ayer, en Mexicali, donde reside la máxima autoridad del SNTSS de nuestro Estado, el líder seccional del mencionado sindicato hizo una mega carnita asada en el patio de las instalaciones sindicales, con música a todo volumen, para ver pasar a sus agremiados manifestándose y burlarse de ellos con su taquito de asada, al ritmo del “tao tao”, y tomarles fotos detrás de la seguridad de la verja guardiana.
Michel Foucault escribió “Las categorías de control no caen del cielo; se ensayan primero en las células micro-políticas. Una discusión en la mesa familiar es un tribunal donde a menudo se busca descalificar el relato del otro bajo la etiqueta de ‘locura’, ‘exageración’ o ‘falta de razón’ ”.
Lo que puedo decir que esbozan los poetas, filósofos y científicos, es en qué situación nos deja cuando no contamos con amor, con verdad o con habilidad política, que probablemente ni siquiera exista el amor, la verdad o la política. Precisamente lo queda somos “tú y yo”, “nosotros”, queda lo humano. Y ahí queda lo importante, cuando no hay nada que poseer, no hay nada que controlar, queda lo que hacemos.
Y en lo humano descubrimos que tendemos a hacer al amor, a construir la verdad como cimiento, a hacer política.
¿Qué humano hay en que la Presidenta niegue lo que es evidente? ¿Qué humano hay en que un dirigente haga un festín dionisiaco (en este caso diría satánico) para burlarse de la justicia de sus agremiados? Les puedo decir que lo que queda es un ser humano ambicioso, que impone una narrativa por ausencia de ganas de partir del amor, de la verdad, de la política, y que cree que el que posee la narrativa y la controla está justificado para humillar, destruir y despojar de existencia a los demás.
Hay situaciones en que la verdad es una lápida, que se usa para encerrar lo que consideramos muerto, o queremos muerto. Lo importante, diría yo, es generar posibilidades, eso es lo humano, ese es el secreto milenario de cuando se tiene o no se tiene algo, es la actitud de crear posibilidades humanas. Puedo afirmar que las condiciones en este país no están siendo humanas. Y es momento de aceptar que esto que digo puede ser una verdad que nos está lapidando a los mexicanos.
Héctor Rodríguez, filósofo.












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