La rickettsiosis, transmitida principalmente por la picadura de la garrapata café del perro (Rhipicephalus sanguineus) —llamada así porque se alimenta principalmente de la sangre de caninos y otros cánidos—, es una enfermedad grave que afecta tanto a personas como a perros. Es fundamental entender que el canino no es el “culpable”, sino una víctima más, igual que el ser humano.
Los caninos en situación de calle sufren infestaciones masivas de garrapatas, pueden enfermarse gravemente de rickettsiosis o ehrlichiosis y, además, enfrentan capturas agresivas por parte del personal del Centro de Atención Canina y Felina (CACyFE). Estas capturas, en muchos casos denunciadas como violentas —con uso excesivo de fuerza, lazos bruscos o traslados inadecuados—, generan estrés, lesiones y sufrimiento adicional a animales que ya viven en condiciones precarias. Los seres sintientes padecen las consecuencias de un problema que no generaron.
El verdadero origen está en el entorno que las personas crean y mantienen. Muchas colonias y hogares presentan acumulación de basura, cacharros, muebles viejos, maleza y escombros. Estos espacios son ideales para que las garrapatas se multipliquen y, sobre todo, para que prosperen los roedores, los verdaderos reservorios naturales de varias especies de Rickettsia y de otros patógenos. Ratas y ratones mantienen ciclos de transmisión con pulgas y garrapatas y, al convivir cerca de las viviendas, facilitan que los ectoparásitos pasen a los caninos y, eventualmente, a las personas.
Los gobiernos y las autoridades de salud suelen relacionar la rickettsiosis de forma casi exclusiva con los caninos en situación de calle o comunitarios. Esta visión incompleta termina culpando a la víctima. Los caninos están en la calle porque hubo abandono, falta de esterilización y tenencia irresponsable.
Mientras se prioricen capturas violentas o sacrificios contrarios a la ley en los centros de control, sin atacar de raíz el problema de la basura y las poblaciones de roedores, la enfermedad seguirá circulando. Las medidas efectivas deben incluir limpieza urbana real, control de roedores, desparasitación interna y externa de los caninos y educación sobre tenencia responsable. El canino no eligió vivir en la calle ni llenarse de garrapatas; es tan víctima como el niño o el adulto que se infecta.
Tratar al canino como enemigo solo profundiza el problema en lugar de resolverlo. Los caninos se vuelven víctimas de una sociedad irresponsable y de un gobierno que los revictimiza al atribuirles la propagación de la enfermedad.
Movimiento Animalista de Ensenada.











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