Desde Chapultepec | Del Tenorio 2026

Este viernes 23 de octubre vuelve a escena el Tenorio de los Periodistas de Ensenada, una tradición que utiliza el teatro para mirar de frente el acontecer público y decir, con humor, lo que muchos prefieren no escuchar. La edición vuelve a poner la política bajo la lupa.

No se trata solamente de hacer reír ni de imitar a personajes conocidos. La sátira política funciona como un espejo incómodo: exagera gestos, exhibe contradicciones y desnuda discursos que, fuera del escenario, suelen presentarse envueltos en solemnidad. En Ensenada, Baja California y México sobran motivos para ese ejercicio crítico hoy.

El año deja decisiones, escándalos, promesas incumplidas, abusos y situaciones que han impactado a la sociedad. El Tenorio permite hacer un balance y preguntarnos qué hicimos como ciudadanía frente a lo sucedido, y pensar qué estamos dispuestos a cambiar. A veces, una carcajada señala lo que un informe intenta esconder.

Quienes hacemos periodismo conocemos los límites de una nota o reportaje. Hay afirmaciones que requieren documentos y pruebas. En una obra teatral, la sátira ofrece otro lenguaje para cuestionar al poder, señalar incongruencias y expresar sin tapujos críticas que el periodismo informativo debe sujetar a reglas distintas ante la sociedad.

La comparación con Digger, la película más reciente de Alejandro González Iñárritu, resulta pertinente. Su sátira aborda una catástrofe provocada por el poder y el intento de presentarse como salvador de un desastre propio. Nos recuerda que todos somos responsables, en mayor o menor grado, del deterioro del planeta.

El Tenorio trabaja a escala local y nacional, pero pone en evidencia lo absurdo. El humor no sustituye investigación, denuncia o acción pública. Sin embargo, ayuda a soportar la realidad, abre conversaciones y le quita al poder la comodidad de ser tratado con reverencia y también señala nuestra propia responsabilidad.

Reírse de lo que ocurre no significa que todo dé igual. El humor ayuda a resistir la impotencia y recuperar perspectiva entre noticias que cansan o indignan. Pero después de la risa viene una pregunta incómoda: ¿qué estamos dispuestos a hacer para que las cosas cambien desde nuestra vida cotidiana?

Existe una gran diferencia entre llevarla bien con todos y ser cómplice de actos que vulneran los derechos de terceros. La convivencia no exige callar ante los abusos ni aplaudir decisiones cuestionables. También se demuestra señalando, con responsabilidad, aquello que perjudica a otras personas en la vida cotidiana, sin excusas.

Por eso espacios como el Tenorio son necesarios. No porque tengan la última palabra ni porque sus críticas sean infalibles, sino porque amplían la conversación pública y recuerdan que la libertad de expresión necesita humor, imaginación y escenarios donde la ciudadanía pueda reconocerse, disentir y cuestionar también en voz alta.

La función apoya a organizaciones altruistas de Ensenada. Quienes acudan encontrarán teatro y una invitación a no acostumbrarnos a lo que está mal. Un país distinto no empieza solo con discursos: empieza cuando cada quien se atreve a actuar, aunque sea con un gesto pequeño, en favor de los demás.

Joatam de Basabe, periodista y catedrático.

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