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Ciencia para Pensar | El norte se mueve: ¿quién lo lleva a Siberia?

Leticia Argelia Rivera Ju, investigadora independiente.

La brújula apunta al norte, pero ese norte no permanece quieto. Durante mucho tiempo imaginamos los polos como puntos fijos del planeta. Sin embargo, la Tierra es dinámica: el polo norte magnético se desplaza desde el Ártico canadiense hacia Siberia y, aunque recientemente ha reducido su velocidad, continúa avanzando.

Magnético no significa geográfico

Aquí hay una diferencia fundamental. El polo norte geográfico está relacionado con el eje de rotación terrestre; el polo norte magnético corresponde a una región donde el campo magnético apunta aproximadamente de manera vertical hacia abajo.

De Canadá a Siberia

Los registros geomagnéticos permiten seguir esta migración. En 1900, el polo norte magnético se encontraba aproximadamente en 70.5° N y 96° O; para 2025, se situaba cerca de 85.8° N y 139.3° E. El desplazamiento acumulado es de aproximadamente 2,470 kilómetros.

Durante buena parte del siglo XX avanzó lentamente, pero entre 1990 y 2005 llegó a velocidades de 50–60 kilómetros por año. Los investigadores Philip Livermore, Christopher Finlay y Matthew Bayliff relacionaron esta aceleración con cambios en grandes regiones de flujo magnético situadas en el límite entre el núcleo y el manto.

Siberia gana fuerza

Las observaciones de la misión Swarm de la Agencia Espacial Europea muestran que no solamente cambia la posición del polo: también cambia la estructura del campo. Entre 2014 y 2025, la región de campo fuerte sobre Canadá disminuyó en área y su intensidad máxima pasó de 58,832 a 58,031 nanoteslas.

En Siberia ocurrió lo contrario: la región aumentó y su intensidad máxima pasó de 61,359 a 61,619 nanoteslas. Estos datos muestran que el campo magnético está reorganizándose y que el movimiento del polo no es simplemente un desplazamiento sobre un mapa.

El campo magnético también pierde intensidad

A escala global, la intensidad del dipolo magnético terrestre es aproximadamente 9 % menor que hace dos siglos. Además, la Anomalía del Atlántico Sur constituye una región especialmente débil del campo y continúa evolucionando.

Esto significa que su intensidad y su geometría cambian, algo particularmente importante para satélites y sistemas tecnológicos expuestos a partículas energéticas.

El movimiento viene de las profundidades

La explicación mejor respaldada se encuentra a miles de kilómetros bajo nuestros pies. El campo magnético principal se genera por el movimiento del metal líquido conductor del núcleo externo. Las corrientes de hierro líquido producen el geodínamo terrestre, y sus cambios modifican el campo que medimos en la superficie.

En 2017, Philip Livermore, Rainer Hollerbach y Christopher Finlay describieron en Nature Geoscience un intenso flujo de metal líquido en el núcleo capaz de producir cambios rápidos en el campo magnético.

¿Estamos ante una inversión?

No existe evidencia de que el desplazamiento actual del polo magnético signifique que una inversión de polaridad sea inminente. La Tierra ha experimentado numerosas inversiones y excursiones geomagnéticas, pero son procesos que se desarrollan durante largos periodos.

Tampoco existe evidencia científica de que un asteroide, un planeta desconocido u otro cuerpo externo esté provocando actualmente el desplazamiento hacia Siberia, aunque se estudia. El Sol interactúa continuamente con la magnetosfera, que pudiera alterar el campo magnético terrestre, sí llegara una gigantesca y desproporcionada explosión solar.

Una Tierra que todavía nos sorprende

Los números cuentan una historia extraordinaria: unos 2,470 kilómetros de desplazamiento desde 1900; velocidades que llegaron a 50–60 kilómetros por año; una desaceleración reciente hasta alrededor de 35–36 kilómetros por año; cambios medibles en la intensidad del campo sobre Canadá y Siberia; y un debilitamiento global aproximado del 9 % durante los últimos dos siglos.

Nada de esto anuncia por sí solo una catástrofe. Demuestra algo quizá más interesante: nuestro planeta está vivo geológicamente y su interior continúa cambiando de maneras que apenas estamos comenzando a comprender.

En 1900, el norte magnético estaba en Canadá. Hoy se encuentra en el Ártico ruso. La brújula continúa señalando el norte, pero ese norte no es inmóvil. 

Si la Tierra puede cambiar lentamente desde su núcleo hasta su campo magnético, ¿qué estará intentando decirnos ese norte que viaja hacia Siberia?

lriveraju984@gmail.com

Finlay, C. C., Kloss, C., & Gillet, N. (2025). Core field changes from eleven years of Swarm satellite observations. Physics of the Earth and Planetary Interiors, 368, 107447. https://doi.org/10.1016/j.pepi.2025.107447 ScienceDirect

Livermore, P. W., Finlay, C. C., & Bayliff, M. (2020). Recent north magnetic pole acceleration towards Siberia caused by flux lobe elongation. Nature Geoscience, 13, 387–391. https://doi.org/10.1038/s41561-020-0570-9 Nature

Livermore, P. W., Hollerbach, R., & Finlay, C. C. (2017). An accelerating high-latitude jet in Earth’s core. Nature Geoscience, 10, 62–68. https://doi.org/10.1038/ngeo2859 Nature

National Centers for Environmental Information. (2025). Wandering of the geomagnetic poles. National Oceanic and Atmospheric Administration.

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