Agua, el desafío impostergable para Baja California

La sostenibilidad hídrica ya no depende únicamente de la infraestructura, sino de la capacidad de construir acuerdos, planear a largo plazo y actuar antes de que llegue la siguiente crisis.

Por décadas, el agua ha sido vista como un recurso prácticamente inagotable. Hoy esa percepción debe quedar atrás. La combinación de sequías prolongadas, crecimiento urbano acelerado, presión industrial y efectos del cambio climático ha convertido a la gestión hídrica en uno de los mayores desafíos para el desarrollo sostenible. Y para Baja California esta realidad resulta evidente.

La posición geográfica privilegiada de la región, por su dinamismo económico y cercanía con los mercados internacionales, cuenta con vulnerabilidad en términos de disponibilidad de agua. Dependemos en gran medida de fuentes externas y de infraestructura estratégica que cada vez enfrenta mayores presiones. Por lo que, debemos enfocarnos en las decisiones (gobernanza) relacionadas con el recurso agua y no tanto en cuánto agua tenemos, ya que, pensar en cuanta agua tenemos solamente no es suficiente para avanzar en las soluciones.

Estas decisiones que llamamos “gobernanza” deben ser con el objetivo de la sostenibilidad, lo cual implica mucho más que administrar redes de distribución o construir nuevas obras. Se trata de establecer mecanismos de coordinación entre gobiernos, organismos operadores, sector productivo, academia y sociedad civil para garantizar que las decisiones sobre el agua sean transparentes, participativas y orientadas al largo plazo.

Durante algunos años, la gestión hídrica ha tendido a responder a emergencias. Sin embargo, las condiciones actuales exigen una visión preventiva. Cada temporada de sequía que atravesamos nos recuerda que debemos cambiar la forma en que se toman las decisiones ya que hasta este momento siguen siendo insuficientes frente a una realidad cada vez más compleja. La sostenibilidad de la que hablamos requiere anticipación, planeación y capacidad institucional para actuar antes de que las crisis se materialicen.

Cada ciudad del estado donde vivimos enfrenta desafíos distintos pero interconectados. Mientras algunas zonas lidian con el crecimiento poblacional y la demanda urbana, otras enfrentan retos relacionados con la agricultura, la industria o la protección de ecosistemas. Es por lo que la solución no puede provenir de una sola institución ni de una sola política pública. Esta idea de la gobernanza implica reconocer que todos los usuarios forman parte de un sistema común.

Bajo esta idea, donde el sistema común somos todos los usuarios un elemento fundamental es la generación y democratización de la información. No es posible gestionar adecuadamente aquello que no se mide. La disponibilidad de datos confiables sobre consumo, eficiencia, calidad del agua, recarga de acuíferos y pérdidas en infraestructura constituye la base para una toma de decisiones responsable. Sumado a lo anterior la transparencia, sería un elemento más, el cual fortalece la confianza ciudadana y facilita la construcción de consensos.

Otro aspecto clave es la economía circular del agua. El reúso de aguas tratadas, la modernización de procesos industriales, la reducción de fugas y la incorporación de tecnologías de eficiencia representan oportunidades reales para disminuir la presión sobre las fuentes tradicionales de abastecimiento. Lejos de ser soluciones futuras, muchas de estas alternativas ya forman parte de las mejores prácticas internacionales y pueden adaptarse exitosamente a las condiciones de la región.

La sostenibilidad hídrica también debe entenderse como una estrategia de competitividad. Ninguna economía puede crecer de manera sostenida si no garantiza seguridad en el suministro de agua. La atracción de inversiones, la expansión industrial y el desarrollo urbano dependen cada vez más de la capacidad de los territorios para administrar este recurso de forma responsable. En otras palabras, la gobernanza del agua no es únicamente una agenda ambiental; es una agenda económica y social.

Baja California tiene las capacidades técnicas, el conocimiento académico y el talento para convertirse en un referente nacional en materia de gobernanza hídrica. Para lograrlo, es indispensable fortalecer la coordinación entre órdenes de gobierno, promover esquemas de participación ciudadana efectivos e impulsar una cultura que coloque al agua en el centro de las decisiones estratégicas.

El futuro de nuestra región depende, de la forma en que gestionemos este recurso durante los próximos años. La pregunta ya no es si enfrentaremos desafíos hídricos, sino si seremos capaces de construir un modelo de gobernanza que transforme esos desafíos en oportunidades para un desarrollo verdaderamente sostenible. El agua no es únicamente un recurso natural: es el fundamento sobre el cual se construye la prosperidad y el bienestar de Baja California.

Ritter de Basabe Ibarra, especialista en derecho laboral y ambiental.

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