En 2026, mientras Baja California presume de modernidad y respeto animal, en Playa Hermosa los caballos siguen siendo tratados como máquinas. Trabajan de 8 de la mañana a 8 de la noche, todos los días de temporada alta, bajo el sol, sin agua y parados en sus heces. Eso no es atractivo turístico. Es explotación cruda y visible.
Un caballo no está hecho para 12 horas diarias de trabajo forzado. Sufre deshidratación, lesiones en los cascos, cólicos, agotamiento y estrés crónico. Muchos permanecen sin sombra real y sin acceso constante a agua limpia. Cualquiera que pase por ahí lo ve. ¿Esa es la imagen que Ensenada quiere proyectar?
El problema de fondo es legal y político. La Ley de Protección a los Animales Domésticos de Baja California sigue arrastrando el Artículo 33, un texto anacrónico que todavía concibe al animal como simple herramienta de trabajo. Ese artículo quedó rebasado —e inconstitucional— desde que se reformó la Constitución estatal.
El Artículo 7º de la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Baja California reconoce expresamente a los animales como seres sintientes y obliga al Estado a garantizarles trato digno y respetuoso. El Artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos prohíbe el maltrato animal y manda al Estado protegerlos. Ninguna ley estatal puede contradecir la Constitución. El Artículo 33 ya no tiene validez jurídica. Seguir aplicándolo es una burla al orden constitucional.
Pero ni siquiera se respeta la ley vieja. Esa misma normativa exige un mínimo de 14 horas de descanso. En verano, los caballos laboran 12 horas seguidas, sin descanso real y sin día libre. La autoridad no solo tolera la violación de la Constitución: tampoco hace valer su propia legislación obsoleta.
La prueba más clara de la incapacidad institucional ocurrió el pasado 3 de agosto. Tras una inspección al establo de Playa Hermosa, la Lic. Elvia Martínez Santos, titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable (SMADS), emitió “recomendaciones” basadas en normatividad ya derogada de hecho. Una abogada que desconoce el derecho animal vigente y cita normas muertas no puede regular nada. No se protege a seres sintientes con consejos basados en una ley que ya no existe.
No se trata de dejar sin sustento a las familias que dependen de esta actividad. Se trata de ordenar una transición seria: censo obligatorio de los animales, dictámenes veterinarios independientes, plazos claros y reconversión hacia actividades económicas que no se sostengan sobre el sufrimiento animal.
El Congreso del Estado de Baja California tiene la obligación de actuar. Debe reformar de inmediato la Ley de Protección Animal, derogar el Artículo 33 y establecer reglas claras que respeten la Constitución. Mientras eso no ocurra, Playa Hermosa seguirá siendo el escenario de una explotación que todos ven y que las autoridades prefieren maquillar con recomendaciones ineficientes.
Los caballos no son atracción. Son seres sintientes que hoy pagan con su salud el precio de la indiferencia oficial.
Movimiento Animalista de Ensenada.











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