El pasado 4 de septiembre, Ensenada fue sede del Encuentro Estatal de Cronistas de Baja California, una jornada que reunió a quienes, desde distintos municipios y comunidades de nuestro estado, han asumido la responsabilidad de investigar, documentar, preservar y divulgar la memoria de sus lugares.
Más allá de constituir una reunión entre colegas, el encuentro permitió reflexionar sobre una pregunta fundamental: ¿qué significa ser cronista en una sociedad que cambia con tanta rapidez?
Durante mucho tiempo se ha pensado en el cronista como aquel personaje dedicado principalmente a registrar acontecimientos, recuperar anécdotas o narrar historias del pasado. Sin embargo, su función es mucho más amplia. La crónica constituye un puente entre la memoria colectiva, la investigación histórica y la vida cotidiana de las comunidades.
El cronista observa su tiempo, escucha las voces de sus habitantes, consulta documentos, recupera testimonios y procura dejar constancia de aquello que, aunque hoy pueda parecernos cotidiano, mañana será parte de nuestra historia. En ese sentido, no solamente escribe sobre el pasado: también documenta el presente para las generaciones futuras.
Esta tarea adquiere especial importancia en Baja California, un estado caracterizado por la movilidad de su población, las migraciones, el crecimiento urbano acelerado y las constantes transformaciones sociales, económicas y culturales. Nuestras ciudades y comunidades se modifican rápidamente y, con ellas, también pueden desaparecer edificios, paisajes, tradiciones, archivos y testimonios que forman parte de nuestra identidad.
Por ello, preservar la memoria no significa vivir anclados en el pasado. Significa comprender de dónde venimos para participar con mayor conciencia en las decisiones sobre nuestro presente y nuestro futuro.
El Encuentro Estatal de Cronistas permitió reconocer, además, que cada municipio posee experiencias y problemáticas particulares. La historia de Mexicali y su valle no puede entenderse de la misma manera que la de Tijuana, Tecate, San Felipe, Playas de Rosarito o Ensenada. Incluso dentro de los municipios existen comunidades con historias e identidades propias que deben ser escuchadas y documentadas.
Precisamente ahí encontramos uno de los grandes retos de la crónica contemporánea: ampliar las voces que integran nuestra memoria colectiva. La historia de una comunidad no pertenece exclusivamente a sus instituciones o personajes destacados. También se encuentra en las fotografías familiares, los archivos personales, las historias de los barrios, las comunidades indígenas, los trabajadores, las mujeres, los migrantes y las personas mayores que conservan recuerdos que muchas veces no aparecen en los documentos oficiales.
Otro desafío consiste en fortalecer la colaboración entre cronistas, archivos históricos, universidades, instituciones culturales y ciudadanía. La memoria requiere investigación, pero también organización, conservación documental, digitalización y mecanismos que permitan transmitir el conocimiento a las nuevas generaciones.
Durante el encuentro quedó manifiesta la voluntad de continuar construyendo espacios de colaboración y establecer propuestas comunes hacia 2027. Ese diálogo resulta indispensable para fortalecer la labor de quienes ejercemos esta responsabilidad en Baja California.
Ser cronista implica custodiar la memoria, pero también compartirla. Una sociedad que conoce su historia comprende mejor su patrimonio, reconoce la diversidad que la conforma y adquiere mayores herramientas para decidir qué desea conservar y qué legado quiere transmitir.
Porque la memoria no es solamente aquello que recordamos: es también aquello que, colectivamente, decidimos no olvidar.
Horacio González Moncada, cronista oficial de Ensenada.












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