Ciencia para pensar | ¿Estamos cerca de descubrir la eterna juventud?

Desde hace miles de años, la humanidad ha intentado responder una pregunta que parece sencilla, pero que esconde uno de nuestros mayores deseos: ¿podemos escapar del envejecimiento? Cicerón defendió la vejez como una etapa natural de la vida; Shakespeare la imaginó como un otoño, un crepúsculo y un fuego que lentamente se extingue. Hoy, la biología molecular se atreve con una pregunta mucho más audaz: ¿y si algunas de esas transformaciones no fueran completamente irreversibles?

¿Qué significa realmente envejecer?

Envejecer no consiste solamente en cumplir años. Dentro de nuestras células ocurren numerosos cambios: se acumula daño en el DNA, se altera la regulación de los genes, las mitocondrias pierden eficiencia, disminuye la capacidad de regeneración y aparecen células senescentes (células que han dejado de dividirse, pero permanecen activas y pueden liberar sustancias que afectan a los tejidos). También aumenta la inflamación asociada al envejecimiento (inflamación persistente y de bajo grado que tiende a aumentar con la edad). Estos procesos se encuentran entre los fenómenos que estudia actualmente la gerociencia.

¿Podemos saber qué tan viejo está nuestro organismo?

Aquí aparece la llamada edad biológica, que no es un número que podamos observar directamente, sino una estimación basada en diferentes indicadores. Algunos métodos utilizan parámetros clínicos; otros analizan cambios químicos en el DNA, como la metilación (modificación que ayuda a regular la actividad de los genes). Los llamados relojes epigenéticos utilizan estos patrones para estimar la edad biológica, mientras que herramientas como DunedinPACE intentan determinar qué tan rápido está envejeciendo una persona.

Pero estos relojes tienen límites. Una persona cuya edad biológica estimada sea menor que su edad cronológica no posee literalmente un organismo de otra edad; el resultado es una estimación estadística. Como señalan Teschendorff y Horvath en Nature Reviews Genetics, todavía existen desafíos importantes para interpretar y utilizar estos relojes como herramientas clínicas.

¿Puede una célula volver atrás?

En 2006, Kazutoshi Takahashi y Shinya Yamanaka publicaron en Cell un descubrimiento revolucionario: una célula adulta podía ser reprogramada hasta adquirir características de una célula pluripotente (célula capaz de transformarse en diferentes tipos celulares). Para conseguirlo utilizaron cuatro factores: OCT4, SOX2, KLF4 y c-MYC, proteínas capaces de modificar profundamente el programa de una célula.

El descubrimiento, reconocido con el Premio Nobel en 2012, abrió una posibilidad fascinante. Si una célula podía ser reprogramada, ¿sería posible hacerla parcialmente más joven sin borrar su identidad?

¿Y si no necesitáramos empezar desde cero?

En 2020, Yuancheng Lu y colaboradores publicaron en Nature un experimento en ratones utilizando OCT4, SOX2 y KLF4, proteínas que actúan como interruptores de los genes y pueden ayudar a devolver a una célula algunas características de juventud. Los investigadores observaron cambios epigenéticos, regeneración de axones y recuperación de función visual en modelos de lesión del nervio óptico y glaucoma. Era un resultado extraordinario, pero seguía siendo investigación animal.

En 2026 llegó un paso diferente. Nature Biotechnology informó sobre la autorización para iniciar un ensayo clínico de fase 1 de ER-100 (terapia experimental que intenta rejuvenecer parcialmente células del nervio óptico para recuperar su función). No se trata de una terapia para convertir personas mayores en jóvenes: se está estudiando en pacientes con determinadas enfermedades del nervio óptico y su primera finalidad es evaluar seguridad y tolerabilidad.

¿Dónde está entonces el verdadero desafío?

En que rejuvenecer una célula no significa rejuvenecer a una persona. Una reprogramación demasiado intensa podría alterar la identidad celular y aumentar riesgos como una proliferación anormal como cáncer o tumoraciones. Además, todavía necesitamos saber cómo controlar exactamente qué células reciben el tratamiento, cuánto tiempo debe actuar y cuáles podrían ser sus consecuencias a largo plazo.

Lo que sí se puede….

La eterna juventud continúa siendo una promesa, no un descubrimiento. Pero sería injusto decir que no ha ocurrido nada extraordinario. La ciencia ha comenzado a demostrar que algunas características del envejecimiento pueden modificarse y que, en determinados modelos animales, incluso pueden recuperarse funciones perdidas.

Tal vez no estemos aprendiendo a detener el tiempo. Tal vez estamos descubriendo que el reloj biológico es más complejo —y quizá más modificable— de lo que alguna vez imaginamos.

“Durante miles de años, la humanidad ha escrito sobre el envejecimiento. Hoy está intentando reescribirlo en el DNA.”

lriveraju984@gmail .com

Belsky, D. W., et al. (2022). DunedinPACE, a DNA methylation biomarker of the pace of aging. eLife, 11, e73420. https://doi.org/10.7554/eLife.73420

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López-Otín, C., Blasco, M. A., Partridge, L., Serrano, M., & Kroemer, G. (2023). Hallmarks of aging: An expanding universe. Cell, 186(2), 243–278. https://doi.org/10.1016/j.cell.2022.11.001

Seale, K., Horvath, S., Teschendorff, A. E., Eynon, N., & Voisin, S. (2022). Making sense of the ageing methylome. Nature Reviews Genetics, 23, 585–605. https://doi.org/10.1038/s41576-022-00477-6

Teschendorff, A. E., & Horvath, S. (2025). Epigenetic ageing clocks: Statistical methods and emerging computational challenges. Nature Reviews Genetics, 26, 350–368. https://doi.org/10.1038/s41576-024-00807-w

Takahashi, K., Tanabe, K., Ohnuki, M., Narita, M., Ichisaka, T., Tomoda, K., & Yamanaka, S. (2007). Induction of pluripotent stem cells from adult human fibroblasts by defined factors. Cell, 131(5), 861–872. https://doi.org/10.1016/j.cell.2007.11.019

Lu, Y., et al. (2020). Reprogramming to recover youthful epigenetic information and restore vision. Nature, 588, 124–129. https://doi.org/10.1038/s41586-020-2975-4

ClinicalTrials.gov. (2026). Evaluating ER-100 for safety in people with glaucoma or non-arteritic anterior ischemic optic neuropathy (optic nerve conditions) (NCT07290244). U.S. National Library of Medicine.

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