Rebote y Remate | El futbolista mexicano: Comida rápida que se vende como caviar

Por Delfino Cisneros, comentarista deportivo .

México, en términos futbolísticos, es un producto genérico que insiste en creerse exclusivo. Deberíamos vender talento por volumen, como comida rápida, en grandes cantidades y a precio accesible. En cambio, aquí cada jugador con un semestre decente se convierte, en la mente de directivos y aficionados, en un platillo gourmet que merece sobreprecio en el extranjero. Basta que Armando «La Hormiga» González anote 25 goles en 56 partidos para que su ficha se dispare a 15 millones de dólares. En nuestro futbol, calidad y costo casi nunca son proporcionales.

La razón es simple y casi nadie quiere decirla en voz alta: la Liga MX no depende de vender jugadores a Europa para sobrevivir. Vive de patrocinios, taquilla, camisetas, Liguillas e ingresos comerciales, un modelo que la hace económicamente cómoda pero deportivamente miope. A eso se suma que los scouts europeos simplemente no tienen la lupa puesta en México. No hay verdaderos cazatalentos ni agentes con alianzas sólidas en el primer mundo futbolístico, y ni siquiera los dueños con equipos en ambos continentes, como Grupo Pachuca o Atlético de San Luis, han servido como catapulta real.

En Europa, antes de soltar un euro, analizan edad, nivel de la liga de origen, inteligencia táctica, resistencia física, historial de lesiones, adaptación cultural y hasta los detalles más recónditos del pasaporte. Los casos de éxito, casi sin excepción, se concretan entre los 19 y los 22 años: Vela, Chicharito, Guardado, Raúl Jiménez, Chucky Lozano, Edson Álvarez, Johan Vásquez, Santiago Giménez. Hay excepciones tardías que funcionaron, como Osorio, Salcido o Pardo, pero la regla general la marcan Palencia, Kikín Fonseca o Borgetti: más turismo europeo que carrera consolidada.

Y cuando sí compran mexicano, rara vez es para la élite inmediata. Grecia, Bélgica, Países Bajos o Portugal funcionan como plataformas formadoras: pulen el diamante, y si sirve, se revende a una liga mayor; si no, se desecha. La cifra real duele: entre 2020 y 2026, sin contar préstamos, solo 11 jugadores saltaron directo de la Liga MX a Europa. México vende siete veces menos que Argentina y diez veces menos que Brasil, mientras las transferencias internacionales crecen 20% a nivel global. Ese menor roce competitivo termina pasando factura a la Selección Nacional cuando más se necesita.

Martin Demichelis, hoy en RB Leipzig y con experiencia reciente al mando de Monterrey, lo resumió sin rodeos: la materia prima existe, pero los clubes europeos no están dispuestos a pagar el sobrecosto de adaptación que exige el mercado mexicano, y a México le falta un golpe internacional que ponga de moda a sus jugadores. No es casualidad que, de los ocho mexicanos que alguna vez jugaron en la Bundesliga, ninguno tenga presencia ahí desde 2019.

Mientras la Liga MX siga blindando contratos y disparando cláusulas de rescisión para retener a sus figuras, seguirá construyendo su propio muro. El problema no es que el futbolista mexicano no valga lo que pide; es que el mercado que decide cuánto vale no es el mexicano, y en Europa, la comida rápida no se cobra como alta cocina.

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