Hay ciudades que pueden darse el lujo de hablar del agua como un asunto del futuro. Ensenada no es una de ellas.
Aquí el agua no es solamente un recurso natural, ni un tema reservado para especialistas, funcionarios o investigadores. Es un asunto cotidiano que tiene consecuencias sobre los hogares, las actividades productivas, la agricultura, la industria y, de manera particular, sobre una de las actividades que ha adquirido mayor importancia para nuestra economía: El turismo.
Durante los últimos años he dedicado mi investigación a estudiar precisamente esta relación: ¿qué ocurre cuando una ciudad con disponibilidad limitada de agua pretende sostener y fortalecer su actividad turística y hotelera? y la respuesta no es sencilla, porque el problema no consiste únicamente en que haya poca agua. El verdadero desafío está en cómo la administramos, cómo la distribuimos, quién participa en las decisiones y qué hacemos con el conocimiento que ya tenemos sobre el problema.
Existe una realidad que debería preocuparnos a todos: Ensenada se encuentra en una región semiárida, con una precipitación promedio anual reducida y una presión importante sobre sus fuentes de abastecimiento. Además, debemos considerar la sobreexplotación del acuífero y el crecimiento de la demanda urbana.
Y aquí aparece una paradoja. Queremos que Ensenada reciba más visitantes, que nuestros hoteles sean competitivos, que los restaurantes prosperen, que crezca el Valle de Guadalupe y que la ciudad tenga mayor actividad económica. Pero todo ese desarrollo necesita agua.
Un hotel no puede funcionar sin agua. Se requiere para las habitaciones, las duchas, la limpieza, el lavado de toallas, sabanas, cobijas y más, la preparación de alimentos, las áreas comunes y los servicios que el visitante espera encontrar. Por eso, el crecimiento turístico también significa una mayor presión sobre el recurso.
El problema hídrico no puede resolverse únicamente buscando nuevas fuentes de abastecimiento. También debemos aprender a gestionar mejor el agua que ya tenemos.
Para analizar esta situación se deben estudiar cuatro elementos fundamentales: conocimiento, costos, gobernanza y justicia, relacionados con la gestión del agua. Y entonces al hablar de conocimiento cuando hablamos de agua estaremos hablando de experiencia técnica, conocimientos operativos y aprendizajes acumulados, lo que no siempre se convierten en información compartida capaz de orientar mejores decisiones. Por lo que se identifica esta situación como uno de los puntos críticos para avanzar hacia una gestión más eficiente.
También están costos, negociar, coordinar, supervisar, cumplir normas y establecer acuerdos tiene un costo. Cuando las instituciones y los sectores involucrados no están suficientemente coordinados, resolver un problema puede resultar más lento y costoso. Pero quizá el mensaje más importante está en el concepto de gobernanza. El agua de Ensenada no puede ser administrada eficazmente desde una sola oficina ni por un solo sector. Necesitamos que autoridades, organismo operador, empresarios, ciudadanía, academia y otros actores participen en una visión común.
Lo que nos lleva a la pregunta ¿cómo distribuir un recurso escaso de manera justa? El turismo es importante para Ensenada y necesita agua para funcionar. Pero el agua también es indispensable para las familias. Por ello, hablar de justicia y la distribución significa reconocer que las decisiones sobre el recurso deben buscar un equilibrio entre las necesidades domésticas, productivas, ambientales y turísticas. No se trata de enfrentar a los habitantes contra los turistas, ni a los hoteles contra las familias. Se trata de entender que todos formamos parte del mismo sistema hídrico.
La buena noticia es que existen oportunidades. Los hoteles pueden avanzar hacia tecnologías ahorradoras, sistemas de medición, reutilización del agua, reducción de consumos y otras prácticas de eficiencia. Las autoridades pueden fortalecer los mecanismos de coordinación y generar mejores sistemas de información. Y el sector empresarial puede convertir el ahorro de agua en parte de su estrategia de competitividad, como parte de algunas ideas posibles.
El futuro turístico de Ensenada está estrechamente relacionado con su capacidad para gestionar responsablemente el agua. La solución no será una sola obra de infraestructura, una nueva fuente de abastecimiento o una nueva disposición administrativa. Será el resultado de combinar conocimiento, tecnología, eficiencia, coordinación institucional, participación social y justicia.
Ensenada tiene frente a sí una decisión de largo plazo. Podemos continuar reaccionando cada vez que aparece una crisis de abastecimiento o podemos comenzar a construir una verdadera política de resiliencia hídrica. El agua debe dejar de ser un problema que atendemos cuando falta y convertirse en una prioridad permanente de nuestra planeación urbana, económica y turística. Porque, al final, la pregunta no es solamente cuánta agua tiene Ensenada. La pregunta verdaderamente importante es:
¿qué ciudad queremos construir con el agua que tenemos?
Y esa decisión, más que hidráulica, es social, económica, ambiental y colectiva.
*Ritter de Basabe es especialista en derecho laboral y ambiental.












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