Delfino Cisneros, comentarista deportivo.
Esta semana el futbol mexicano dejó de fingir demencia. Leones Negros, Atlético La Paz, Morelia, Zacatecas y Cancún ya están en el TAS, exigiendo que se cumpla algo tan básico como el mérito deportivo: ascender por ganar, no por comprar un lugar en la mesa. Y la pregunta que flota sobre todo esto es incómodo pero necesaria: ¿desde cuándo ganar en México dejó de ser suficiente para subir de división?
Estos clubes no llegaron al TAS por capricho. Invirtieron en infraestructura, en canteras, en instalaciones, confiando en una promesa oficial de que el ascenso y descenso regresarían. Se les vendió una ilusión y ahora descubren que compraron humo. Y lo más grave no es solo la traición de los dueños del futbol: es el silencio cómplice de los jugadores y de su propia comisión, incapaces —o sin voluntad— de plantarse frente a los propietarios. Sin autonomía real, el discurso del «cuidado al jugador» se cae solo.
Lo que está en juego no es solo un ascenso deportivo. Es el sueño futbolístico de regiones enteras, particularmente del sur del país, condenadas a mirar desde fuera un negocio cada vez más centralizado. Cerrar la liga no fomenta competitividad: la mata. Copiar modelos como el de la NFL o la MLS, ligas cerradas por diseño, en un país con la tradición y la pasión futbolera de México, no es modernización: es comodidad disfrazada de estrategia. Y detrás de todo esto, una Federación Mexicana de Futbol que ha demostrado, otra vez, que responde más a televisoras y dueños que al desarrollo real del talento nacional.
Como respuesta —o como cortina de humo—, la FMF presentó su nuevo modelo. Nace la Liga Mexicana de Fútbol Profesional AC, una nueva estructura corporativa para «ordenar» los activos del futbol nacional. El acceso a la Liga MX ya no dependerá solo del rendimiento deportivo, sino de estándares institucionales y financieros. La Liga de Expansión se convertirá en la Primera FMF, cabeza de una pirámide con Liga Premier y Liga TDP. Se exigirán academias certificadas. Todo suena impecable en el papel, con implementación gradual hacia la temporada 2027-2028.
Pero hay un detalle que lo desnuda todo: la Liga MX no está integrada en este modelo. Si algún equipo quiere subir a primera división, tendrá que pagar, tal como lo hizo el Atlante. La pirámide es bonita en el diagrama, pero la puerta de entrada sigue teniendo precio, no marcador.
El jueves 20 de agosto, en el programa La Última Palabra, Javier San Román, ex directivo de la liga de ascenso y colaborador cercano a Alejandro Irarragorri, fue más lejos que nadie. Aseguró que este esquema, vigente desde 2018, protege la inversión de los dueños actuales, no el crecimiento deportivo. Calificó el nuevo modelo de la FMF como «trunco» y de plano como «una mentira», sin una vía real de ascenso. Denunció amenazas y presiones contra presidentes que no se alinean con los directivos de alto nivel, además de nepotismo en categorías inferiores y una contradicción flagrante: exceso de extranjeros mientras se predica el desarrollo del talento nacional. Y remató con una frase que dice más que cualquier análisis: esperaba que no le pasara nada por hablar.
Cuando alguien tiene que aclarar que espera no sufrir represalias por decir la verdad, ya no estamos hablando de futbol. Estamos hablando de poder, y de quién realmente decide quién juega en México.












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