Por Delfino Cisneros, columnista deportivo.
Hay torneos que se ganan en la cancha y torneos que se ganan en la caja registradora. La Leagues Cup 2026 pertenece, sin disimulo alguno, a la segunda categoría, y esa es la razón por la que debería avergonzarnos más de lo que nos entusiasma.
Empecemos: el dinero es real: Dos millones de dólares para el campeón, un millón para el subcampeón, 500 mil para el tercer lugar. A eso se suman los 100 mil dólares garantizados por partido jugado y otros 50 mil por cada victoria. Para cualquier club de la Liga MX, esas cifras son un imán imposible de resistir. El torneo, además, reparte boletos directos a la Copa de Campeones de la Concacaf, con el campeón avanzando hasta octavos de final. Sobre el papel, la ecuación es perfecta. En la práctica, es una trampa que ya cobró su primera factura.
La primera fase del torneo terminó, y el saldo para el futbol mexicano es, para decirlo sin eufemismos, vergonzoso. Chivas de Guadalajara, uno de los planteles más caros de todo el futbol local, se quedó fuera. Cruz Azul, el vigente campeón de la Liga MX, también se quedó fuera, firmando su primer fracaso bajo el mando de Joel Huiqui. No hablamos de equipos menores ni de proyectos improvisados: hablamos de dos de las instituciones con mayor peso económico y simbólico del país. Si esto es lo que arroja un certamen que muchos catalogan como pretemporada glorificada, la pregunta ya no es si hay un problema: es qué tan profundo es.
Diego Lainez y Sebastián «Loco» Abreu no exageran cuando denuncian que las condiciones son desiguales. Mientras los equipos de la MLS suelen permanecer en sus propias sedes, los clubes mexicanos peregrinan por distintas ciudades de Estados Unidos, acumulando un desgaste físico que después se paga caro en sus ligas locales. Sí, en 2026 se habilitaron sedes mexicanas como el Estadio Universitario o el Nemesio Díez, un gesto cosmético. Pero un gesto no es una estructura, y la estructura de fondo sigue favoreciendo a quien juega en casa la mayoría de las veces.
A esto se suma un costo que rara vez se cuantifica en dólares: el calendario. La Liga MX ha pausado, adelantado y reacomodado jornadas completas para ajustarse a un torneo que no le pertenece del todo. Ahora, con la fase de grupos concluida, el futbol local regresa en su jornada 4 arrastrando el peso de una eliminación doble que debería doler más de lo que parece dolerles a las directivas.
Y ahí está la pregunta que de verdad incómoda: ¿en qué beneficia esto al futbol mexicano como espectáculo, como escuela, como proyecto deportivo? La Federación Mexicana de Futbol ha sido señalada justamente por avalar un torneo cuya prioridad parece ser económica y no deportiva, mientras certámenes de mayor peso y prestigio continental, como la Copa Libertadores, siguen relegados a un segundo plano.
La Leagues Cup no es un fraude ni una mala idea en sí misma. Es un síntoma, y ahora con evidencia empírica: Chivas, Cruz Azul, Tigres y Pumas quedándose fuera no es mala suerte, es el resultado lógico de un modelo que premia el viaje y el desgaste por encima de la competitividad real. El dinero llega, sí, pero la pregunta que debería quitarle el sueño a directivos y federativos es otra: ¿cuánto fracaso deportivo estamos dispuestos a tragar para seguir cobrando el cheque?












RODOLFO GARCÍA
El formato es demasiado extenso, además de que debería ser antes del inicio de las ligas los últimos 2 campeones y subcampeones y bye .