Desde Chapultepec | De la falta de obras en Ensenada

Ensenada parece haberse quedado en una larga sala de espera. Los anuncios, las promesas y las fotografías oficiales siguen apareciendo, pero cuando se revisan las obras y las inversiones concretas, la realidad es otra: la Cenicienta del Pacífico ha recibido muy poco del Gobierno del Estado.

La escena resulta todavía más llamativa porque recuerda aquellos años en los que el PAN gobernaba Baja California y el PRI encabezaba el Ayuntamiento de Ensenada. Entonces era común escuchar que los proyectos se detenían por diferencias políticas y que el municipio pagaba las consecuencias de la falta de entendimiento entre los gobiernos. Lo preocupante es que esa vieja historia parece estar repitiéndose.

Desde que la alcaldesa Claudia Agatón tomó protesta, no existe una sola inversión estatal de gran relevancia que pueda señalarse como un proyecto transformador para la ciudad. El tiempo ha pasado y las necesidades se han acumulado, mientras la respuesta desde Mexicali sigue siendo insuficiente.

La última gran obra que recibió Ensenada fue el nodo vial de El Sauzal. Paradójicamente, esa infraestructura se inauguró apenas unos días antes de que iniciara el actual gobierno municipal. Desde entonces, la lista de proyectos concretados por la administración estatal en el municipio parece haberse quedado en blanco.

La ciudad sigue esperando soluciones para la movilidad, para el abasto de agua, para la infraestructura urbana y para el crecimiento ordenado que exige su desarrollo económico. En cambio, lo que se percibe es una relación fría entre el Gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Ensenada.

Hay quienes sostienen que las diferencias políticas son parte natural de cualquier administración. Puede ser. Pero cuando las disputas entre grupos de poder terminan por frenar inversiones y retrasar decisiones, el problema deja de ser político y se convierte en un asunto que afecta directamente a la población.

Desde hace meses se comenta, y lo sé de buena fuente, que algunos de los proyectos impulsados por la alcaldesa Claudia Agatón han encontrado obstáculos antes de llegar a buen puerto. Hay propuestas que simplemente no avanzan y otras que parecen haberse quedado atoradas en algún escritorio estatal.

Por eso resulta inevitable preguntarse si existe un respaldo real hacia la administración municipal. Incluso hay quienes consideran que el distanciamiento tiene un propósito político: evitar que Claudia Agatón llegue fortalecida al próximo proceso electoral y, con ello, cerrar la puerta a una eventual reelección.

Si ese es el cálculo, se trata de una apuesta equivocada. Las disputas entre grupos y las estrategias electorales pueden beneficiar o perjudicar a determinados actores, pero al final quien paga las consecuencias es la ciudadanía, que sigue esperando obras, inversiones y respuestas.

Ensenada no puede convertirse en una pieza de un tablero político. Su crecimiento, su desarrollo económico y las necesidades de miles de familias no deberían depender de simpatías o diferencias entre quienes hoy ocupan posiciones de poder.

Porque mientras unos hacen cuentas rumbo al próximo proceso electoral y otros defienden espacios de influencia, la ciudad sigue enfrentando los mismos problemas de siempre. Y en ese juego de intereses, los que terminan perdiendo son, una vez más, los ensenadenses.

Deja un comentario

Descubre más desde Argumento Noticias

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo